Dos artículos sobre el instituto donde vive Luis Fernando.
1) Artículo publicado en el periódico Opinión (de Cochabamba), el 28 de octubre de 2007.
Denuncian que la Caja Nacional no atiende a mil niños con discapacidad
La Paz/ABI
La Prefectura de La Paz denunció que la Caja Nacional de Salud (CNS) no brinda atención médica a más de 1.000 jóvenes, niños y adolescentes con discapacidad. El director del Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges), dependiente de la Prefectura de La Paz, Reynaldo Portillo Piza, explicó que las personas afectadas pertenecen al Instituto Departamental de Adaptación Infantil (IDAI). Para no tener estos problemas, el Sedeges hace seis meses atrás presentó la renovación del Convenio de Cooperación Interinstitucional para suscribir entre la Prefectura y la Caja Nacional de Salud. "Este acuerdo por la inoperancia de algunos funcionarios no se lleva a cabo", enfatizó el director del Sedeges. El Instituto Departamental de Adaptación Infantil ve por conveniente implementar el programa de atención a menores con trastornos globales de desarrollo y discapacidad mental, en virtud de que en el país no existen servicios adecuados para la atención integral de menores con trastornos del desarrollo y retraso mental.
2) Artículo publicado en el periódico La Razón (de La Paz), el 11 de noviembre de 2007.
El IDAI es el hogar de 98 niños y jóvenes olvidados por sus padres
Al Instituto llegan niños que fueron abandonados por sus padres o que fueron encontrados en basureros. Todas las personas sufren de discapacidad intelectual. Las acompañantes terapéuticas los cuidan.
Alejandra Arrien, periodista de La Razón
Miguelito (nombre convencional) es un niño de tres años que pesa poco más de cinco kilos, cuando debería tener al menos 11 kilos. Sufre de discapacidad intelectual y fue abandonado por sus padres. Vive en el pabellón Esperanza del Instituto Departamental de Adaptación Infantil (IDAI), donde acompañantes terapéuticas cuidan de él así como de otros 97 niños.
“Hace seis meses Miguelito llegó al Instituto, es decir cuando tenía dos años y medio, y pesaba cinco kilos (que es el peso de un bebé de aproximadamente tres meses), tiene retraso mental. Llegó en un estado de desnutrición y ahora es cuidado por una de las siete acompañantes terapéuticas que se encargan de los pequeños”, cuenta María Luisa Mantilla, jefa de residencia del Instituto de Obrajes.
El IDAI tiene capacidad para 80 pacientes, sin embargo, ahora atiende a 98 niños con discapacidad intelectual abandonados por sus padres. “Algunos niños llegan a través de las Defensorías de la Niñez, otros fueron encontrados en los basureros”, dice Roberto Velasco, jefe de médicos.
Tal es el caso de Adrián (nombre ficticio), que hace 20 años fue hallado en un basurero en Miraflores. “Tenía puesta una bata de hospital, al parecer estaba internado en algún nosocomio (…) El muchacho es discapacitado, tenía epilepsia y una mano quemada, ahora tiene 35 años y vive en el centro”, relata Velasco.
Cuando algún extraño llega al IDAI, como pudo constatar este medio, los niños, sin importar la edad, buscan la mano de esa persona. Un piso hacia arriba, en las salas donde duermen y conviven los niños internados, está Panchito, de unos 30 años.
Vestido con una chompa amarilla, una gorra roja en la cabeza y sonriente, abre la puerta que está encadenada y explica cuál es su función. “Me llamo Panchito y abro la puerta, pase señorita”, dice el joven discapacitado.
Inmediatamente se ven las dos salas de mujeres. Allí, las niñas y adolescentes están acostadas en sus camas, algunas con la mirada perdida y otras jugando con las acompañantes terapéuticas.
“Las acompañantes tienen que cuidar al menos a 15 pacientes, su trabajo es duro, algunas de las niñas que viven aquí, por lo menos 10 de las mujercitas requieren atención personalizada, son casos siquiátricos, totalmente dependientes, se las tiene que bañar, lavarles los dientes, peinarlas y ayudarlas para ir al baño, además de darles amor”, explica.
Alrededor de 20 acompañantes terapéuticas atienden a más de 90 niños. “Nueve acompañantes trabajan por día, hacen turnos de 24 horas y al día siguiente entra el otro grupo; por lo general, como se les debe vacaciones, dos personas están en vacaciones mensualmente. Ellas trabajan duro, se capacitan por iniciativa propia, para dar mejor atención a los pequeños”, agrega Mantilla.
A pocos metros de la sala de mujeres está la de los varones, a la que un niño ingresó hace tres días a través de la Defensoría de la Niñez. El pequeño estaba sentado en una silla de ruedas. Una acompañante terapéutica y algunos de sus nuevos compañeros de cuarto trataban de levantarlo para ponerlo en una colchoneta al sol.
El pequeño, que según Mantilla no pasaba de los nueve años, estaba asustado; también padece de discapacidad mental.
“Las Defensorías de la Niñez los traspasan sin buscar a sus padres y tratar de reinsertarlos a sus familias. No importa cuán malo sea el hogar, siempre es mejor que una institución. Una madre siempre ama a su hijo”, dice Mantilla, que atiende a niños que fueron abandonados.
El médico Roberto Velasco —como el resto del personal— está involucrado en el mundo del IDAI. “Muchos de los pequeños tienen nombres convencionales, incluso tienen el apellido de los que trabajamos aquí y son bautizados por el personal del IDAI”, recuerda. Asimismo, María Luisa Mantilla dice que hay niños que se llaman Mario Luis, o Juan Flores, que era el apellido de un ex director del Instituto de Adaptación de la ciudad de La Paz.
En el IDAI atienden y cuidan a niños con discapacidad mental (retraso mental) que son abandonados por sus padres. Por ello cuenta con un equipo interdisciplinario que ofrece atención en siquiatría, sicología, medicina interna, pediatría, fisioterapia, estimulación temprana, fonoaudiología, educación especial, sicopedagogía, enfermería y las acompañantes terapéuticas.
Todas esas tareas están a cargo de 80 personas que muestran enorme voluntad y amor.
Las especialidades también están disponibles para la consulta externa para niños con padres que tienen los mismos problemas. El precio de una consulta oscila entre los Bs 5 y 20.
“El IDAI es para el servicio de la comunidad, es para gente de bajos recursos y para niños abandonados”,
precisa Velasco.
Aunque acepta que en el centro hace falta recursos humanos y recursos económicos, “el personal trabaja de sol a sol y a veces es duro. Nos hace falta recursos económicos y humanos”.
El Instituto depende del Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges) de la Prefectura del departamento de La Paz.
El IDAI es un hogar para los pequeños. Algunos de los niños y adolescentes requieren de fisioterapia, para ello está la sala adecuada, donde siete especialistas atienden a un promedio de ocho niños por día, tanto de los internados como de los pequeños que llegan con sus padres.
En la sala de fisioterapia los niños tienen toda la comodidad y equipos especializados que requieren los pequeños para su aprendizaje y desarrollo.
“Los niños se distensionan y hacen movimientos a los que no están acostumbrados. Entran a la piscina de hidromasaje, donde hacen terapia acompañados de una de las especialistas”, explica el médico Velasco.
“Muchos de los pequeños tienen nombres convencionales, incluso tienen el apellido de los que trabajamos aquí y son bautizados”.
Roberto Velasco, jefe de los médicos del IDAI.
Historias
Fue encontrada en un basurero
MARIANA, hace tres años vive en el IDAI.
El jefe de médicos del Instituto Departamental de Adaptación Infantil (IDAI) cuenta que hace cuatro años llegó al IDAI una niña de aproximadamente cuatro años. Los vecinos de una zona lejana la encontraron en un basurero y llamaron a la Policía. Inmediatamente fue trasladada al IDAI y tres años después sigue viviendo en ese centro. Mariana (nombre ficticio) fue diagnosticada con discapacidad intelectual. Depende de una acompañante terapéutica que le ayuda a ir al baño, la asea, le lava los dientes, la peina y la viste y cuida de ella para que no se haga daño. La pequeña no puede valerse por sí sola.
Llegó desnutrido y golpeado
MIGUEL, hace seis meses vive en la institución
“Miguel (nombre ficticio), de tres años, llegó hace seis meses al IDAI en estado de desnutrición, incluso pesaba poco más de cinco kilos. Fue transferido a través de una Defensoría de la Niñez, inmediatamente fue trasladado al Hospital Infantil para que pueda recuperar su peso, que debía ser de al menos 11 kilos. El pequeño sufre de discapacidad intelectual y al parecer de parálisis física. Miguel tiene la mirada perdida y no habla. Sus diminutas manos son tan delgadas como las de un palito de chupete”, contó María Luisa Mantilla, jefe de residencia del IDAI. Hoy el niño vive en el pabellón Esperanza y duerme en una cuna.
Es agresivo, trata de morder manos
JAIME, duerme en el pabellón Amanecer del IDAI.
Jaime es un pequeño de casi nueve años, él está en el pabellón Amanecer del Instituto Departamental de Adaptación Infantil (IDAI). Cuando este medio visitó el centro, pudo hablar con el pequeño, que tiene la carita con heridas que él mismo se hizo. Según las acompañantes terapéuticas, el pequeño es agresivo y cuando toma las manos de las personas trata de morderlas. “Esos ya son casos profundos que necesitan la ayuda de profesionales como siquiatras”, contó María Luisa Mantilla, jefe de residencia del IDAI, donde más de 90 niños con discapacidad intelectual son atendidos por 20 acompañantes terapéuticas.